domingo, 30 de septiembre de 2012

NO JUZGAR, EN EL ANDEN DE LA VIDA


. En el andén de la vida


Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera. Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario.

Imprevistamente, la señora observó cómo aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente. La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos. Como respuesta, el joven tomó otra
galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta.
"- No podrá ser tan descarado", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas.
Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.
"¡Gracias!" - dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.
"De nada" - contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida...
La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó:"¡Qué insolente, qué mal educado, qué será de nuestro mundo!".
Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

Cuántas veces nuestros prejuicios, nuestras decisiones apresuradas nos hacen valorar erróneamente a las personas y cometer las peores equivocaciones. Cuántas veces la desconfianza ya instalada en nosotros, hace que juzguemos injustamente a personas y situaciones, y sin tener un por qué, las encasillamos en ideas preconcebidas, muchas veces tan alejadas de la realidad que se presenta. Así por no utilizar nuestra capacidad de autocrítica y de observación, perdemos la gracia natural de compartir y enfrentar situaciones, haciendo crecer en nosotros la desconfianza y la preocupación. Nosinquietamos por acontecimientos que no son reales, que quizás nunca lleguemos a contemplar, y nos atormentamos con problemas que tal vez nunca ocurrirán.
Dice un viejo proverbio...
"Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se consigue jamás lo suficiente,
pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, 
se consigue más de lo que se espera".Un joven pastor de ovejas cuidaba del ganado que sus padres le encargaron apacentar. Como estaba aburrido se le ocurrió jugar a decir mentiras y riéndose gritó: “¡El lobo viene a comerse mis ovejas!” La gente que trabajaba muy cerca en el campo dejó todo y corrieron angustiados ante los gritos desgarradores del muchacho, pero cuando llegaron al lugar, vieron que se trataba de una broma del joven pastor. Sorprendidos, regresaron a trabajar. El joven decide volver a mentir por segunda vez. Al llegar los campesinos, vieron que se trataba de otra mentira, se dieron cuenta de la burla y decidieron regresar a sus labores. Entonces, luego de unas horas, el muchacho empieza a lanzar gritos por tercera vez diciendo lo mismo: “¡Auxilio!, ¡socorro!, ¡Ayúdenme por favor! ¡Esta vez de verdad viene el lobo a comerse mis ovejas!” Esta vez nadie fue en su ayuda porque todos pensaron que ahora también estaba mintiendo. Pero esta vez sí era de verdad el lobo y se comió a casi todas las ovejas. El joven pastor se quedó con solo una oveja. Cuando sus padres se enteraron, castigaron severamente al joven. El joven aprendió así a no mentir.
Cuento: "El joven pastor mentiroso". Para leer más Cuentos Infantiles entra a CuentosCortosParaNiños.comUn joven pastor de ovejas cuidaba del ganado que sus padres le encargaron apacentar. Como estaba aburrido se le ocurrió jugar a decir mentiras y riéndose gritó: “¡El lobo viene a comerse mis ovejas!” La gente que trabajaba muy cerca en el campo dejó todo y corrieron angustiados ante los gritos desgarradores del muchacho, pero cuando llegaron al lugar, vieron que se trataba de una broma del joven pastor. Sorprendidos, regresaron a trabajar. El joven decide volver a mentir por segunda vez. Al llegar los campesinos, vieron que se trataba de otra mentira, se dieron cuenta de la burla y decidieron regresar a sus labores. Entonces, luego de unas horas, el muchacho empieza a lanzar gritos por tercera vez diciendo lo mismo: “¡Auxilio!, ¡socorro!, ¡Ayúdenme por favor! ¡Esta vez de verdad viene el lobo a comerse mis ovejas!” Esta vez nadie fue en su ayuda porque todos pensaron que ahora también estaba mintiendo. Pero esta vez sí era de verdad el lobo y se comió a casi todas las ovejas. El joven pastor se quedó con solo una oveja. Cuando sus padres se enteraron, castigaron severamente al joven. El joven aprendió así a no mentir.
Cuento: "El joven pastor mentiroso". Para leer más Cuentos Infantiles entra a CuentosCortosParaNiños.comUn joven pastor de ovejas cuidaba del ganado que sus padres le encargaron apacentar. Como estaba aburrido se le ocurrió jugar a decir mentiras y riéndose gritó: “¡El lobo viene a comerse mis ovejas!” La gente que trabajaba muy cerca en el campo dejó todo y corrieron angustiados ante los gritos desgarradores del muchacho, pero cuando llegaron al lugar, vieron que se trataba de una broma del joven pastor. Sorprendidos, regresaron a trabajar. El joven decide volver a mentir por segunda vez. Al llegar los campesinos, vieron que se trataba de otra mentira, se dieron cuenta de la burla y decidieron regresar a sus labores. Entonces, luego de unas horas, el muchacho empieza a lanzar gritos por tercera vez diciendo lo mismo: “¡Auxilio!, ¡socorro!, ¡Ayúdenme por favor! ¡Esta vez de verdad viene el lobo a comerse mis ovejas!” Esta vez nadie fue en su ayuda porque todos pensaron que ahora también estaba mintiendo. Pero esta vez sí era de verdad el lobo y se comió a casi todas las ovejas. El joven pastor se quedó con solo una oveja. Cuando sus padres se enteraron, castigaron severamente al joven. El joven aprendió así a no mentir.

Cuento: "El joven pastor mentiroso". Para leer más Cuentos Infantiles entra a CuentosCortosParaNiños.com

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